Día de la Virgen de Guadalupe

¡Hoy celebramos a mamita María en su advocación de Guadalupe!

Originalmente pensé en escribir acerca de los misterios que guarda la imagen en la tilma de San Juan Diego cuando se le apareció la Virgen de Guadalupe aquel sábado de 1531. Pensé en enfocarme en cosas más científicas, cuyo interés seguramente se deba a mis gustos particulares (amo la ciencia) y en gran parte también a mi asombro al ver que ni la mente más inteligente ha podido explicar estos misterios. Y es que así obra Dios… Muchas cosas divinas no podremos entenderlas, sólo nos queda creer, tener Fe.

Fe, precisamente por esta gran virtud decidí darle un giro a este artículo, les comento.

El sábado por la mañana viajé a Campeche. No pude disfrutar nada del camino: El paisaje que regalaba Dios, el aire que entraba por la ventana, ni siquiera una charla con mis padres. Todo debido a que me rendí ante el cansancio. Pero en el viaje de regreso fui más fuerte.

Desde el famoso malecón de Campeche, comencé a percibir varios grupos de antorchistas, gente que cumplía la promesa hecha a la Virgen de Guadalupe; cada uno tenía su estilo particular. Unos se transportaban en pareja en moto, otros corrían mientras eran custodiados por una camioneta, pero los que más me sorprendieron y admiraron, fueron aquellos que se trasportaban de manera singular en su bicicleta. Ellos tenían ciertas características que me hicieron valorar todo el esfuerzo, dedicación y preparación para justo ese momento.

Todos vestían playera con la imagen de la Virgen de Guadalupe, “casualmente” calzaban huaraches, en similitud de la humildad de San Juan Diego y portaban una imagen de mamita María en sus diversas advocaciones -evidentemente la más popular en aquel desfile era nuestra morenita-. Muchos transportaban la imagen en un huacal perfectamente adherido a la parte posterior de la bicicleta y muchos otros la cargaban sujeta a su espalda, habiendo de todos los tamaños. Quizá su promesa era tan grande como la imagen que cargaban, quizá la imagen era tan “pequeña” que se les hizo necesario agregarle otras dos o tres a su carga.

No sé cuál era el destino de todas esas personas, cuántos kilómetros habrán recorrido, pero estoy segura de que su Fe sí es como una semilla de mostaza. Es de admirarse la Fe de todos ellos, que a pesar de todo -sol, calor, peso de las imágenes, lluvia, etcétera-, continuaron firmes en su promesa.

Después de conocer a estas personas, quiero invitarlos (e invitarme) a que imitemos su Fe, para que a pesar de todos nuestros problemas, inseguridades, tristezas o demás cosas que nos estén sucediendo, siempre nos mantengamos en el camino correcto. Tomen la mano de María para recorrer el único camino.

Gaby Vega
Gaby Vega

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