El ciego y el paralítico

Cuenta la historia que en medio de la nada, en un remoto bosque, se encontraba un ciego. A cierta distancia, pero perdido también en la inmensidad del mismo bosque, se encontraba un paralítico. Ambos querían abandonar el bosque, pero de forma independiente, cada uno por su lado, no lograban salir de aquél lugar.

Fue un día cualquiera, cuando de repente ambos, el ciego y el paralítico, se encontraron. No se conocían ni se habían visto nunca. Pero tras una breve conversación descubrieron en seguida que tenían el mismo objetivo: salir de aquel lugar. Ahora que ya eran un equipo, empezaron a pensar cómo podrían salir del bosque.

– Si no he salido antes de este sitio es porque a causa de mi ceguera, no consigo ver el camino correcto para salir – dijo el ciego.

El paralítico le miró fijamente y le contestó.

– Pues yo, ¿sabes por qué no logro escapar de aquí? Porque no puedo caminar. De nada me sirve ver el camino, así que estamos igual.

De repente, el ciego vio claramente la solución al problema. Era tan obvio que pensó cómo podía no haberse dado cuenta desde el primer momento.

– ¡Ya lo tengo! ¿Sabes cómo podemos salir de aquí? Ven que te suba a mis hombros, y tú me guiarás, así podremos avanzar gracias a mí y podremos hacerlo en la dirección correcta gracias a ti. De esta forma, ¡juntos podremos encontrar la salida!

En estos tiempos de crisis y en cualquier tiempo en el que uno solo no puede conseguir siempre sus objetivos, es buena idea unirse a otros para compartir y compensar las capacidades y cualidades humanas. Lo que uno por sí mismo no es capaz de lograr, a veces, uniéndonos, todo se hace mucho más sencillo.
¿Y tú, estás de acuerdo en que uno más uno son más que dos?

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