La figura del Papa, ejemplo de liderazgo

Actualmente escuchamos palabras como entrepreneurship (emprendedurismo) y start-ups (empresas de nueva creación), términos propios de un mundo empresarial al que muchos jóvenes desean incorporarse y que demanda una habilidad de liderazgo para aumentar sus probabilidades de éxito. Sin embargo, al tratarse propiamente de un tema de negocios, se ha olvidado el rol que en él juega la espiritualidad. Cumpliendo con nuestra misión de ser cristianos para el mundo que no conoce y necesita de Cristo, te presentamos la figura del Papa, ejemplo de liderazgo para la comunidad cristiana.

Pedro, el primer líder de la Iglesia

Papa, ejemplo de liderazgo San Pedro

Simón (a quien se le confiere el nombre de Pedro como significado de “Primera piedra”) era pescador en el lago de Genesaret; tenía una personalidad intensa y contradictoria, era amable e iracundo, fuerte y débil, generoso e interesado, dócil y terco, creyente e incrédulo. El liderazgo en él es claro: en todas las listas de los Doce aparece en primer lugar, fue portavoz de los otros Apóstoles; su importancia radica en que Jesús le confiere el primado en la Iglesia y le da el poder de atar y desatar los pecados.

Karol Józef Wojtyła (San Juan Pablo II)

Papa, ejemplo de liderazgo Juan Pablo II

Era hijo de un oficial de la Administración del Ejército Polaco y de una maestra de escuela. De joven practicó atletismo, fútbol y natación; era un estudiante excelente que presidió diversos grupos estudiantiles. La muerte de su padre le causó un profundo dolor, la lectura de San Juan de la Cruz, que entonces buscó como consuelo, y la heroica conducta de los curas católicos que morían en los campos de concentración nazi fueron decisivas para que eligiera seguir el camino de la fe.

Andreas Widmer, ex guardia papal suizo, director ejecutivo y líder empresarial, nos otorga una reveladora anécdota de su vida con Juan Pablo II: “La influencia de Juan Pablo II me hizo entender que los negocios y la fe son compatibles, el cristianismo y el libre mercado no son contradictorios”, las ilustres lecciones que emanan de la vivencia diaria con un gran hombre como Juan Pablo II nos hacen reflexionar sobre las decisiones comerciales, pueden tomarse por motivos mundanos y terrenales o al contrario, estar fuertemente motivadas por Dios, que inspira tanto nuestro ser como nuestro trabajo.

Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco I)

Papa, ejemplo de liderazgo Francisco I

Jesuita argentino, obtuvo el empleo de su vida cuando fue elegido Papa. Su periodo ha sido marcado por la humildad, la toma de riesgos y un profundo cuestionamiento del papel de la Iglesia Católica en el mundo. El Papa en turno ha servido de gran ejemplo de liderazgo y management para empresarios. Tan sólo a un año de su papado, ha demostrado lo que muchos podrían considerar como buenas prácticas:

  • Vive con el ejemplo y, probablemente por sus antecedentes como jesuita, quiere una iglesia austera y enfocada en la sencillez;
  • Conoce el valor de la reforma, reuniendo a un grupo de consejeros de alrededor del mundo para reformar la Curia (Las instituciones son difíciles de reformar. Pero no es imposible. Y si se puede lograr en una organización de más de 2,000 años, es posible en cualquier otra);
  • Se comunica con claridad. En el Vaticano no existe el lenguaje corporativo, el Papa dice lo que tiene en mente;
  • Toma decisiones difíciles con rapidez, como parte de la reforma de la Curia creó un nuevo departamento llamado Secretariat para traer transparencia a las finanzas de la Iglesia;
  • Colabora y acepta diversos puntos de vista. Sabe (al igual que los grandes líderes) que la diversidad de opiniones, antecedentes, experiencia e ideales es buena;
  • Reconoce sus debilidades. No hay una mejor cita de Francisco que aquella que pronunció para la revista jesuita América en septiembre. al preguntarle quién era: “Soy un pecador. Esta es la mejor definición”;
  • Sabe que no puede hacerlo solo. La confianza es clave para un buen liderazgo y management. Francisco parece confiar en aquellos debajo de él, pero también en sus “clientes”, las personas que formamos parte de la Iglesia.

 

Vivir con base en lo que los demás dicen y piensan es mucho más fácil que pensar y actuar por uno mismo, por lo que uno debe estar consciente de que estamos renunciando a un desarrollo intelectual y espiritual.

El hombre debe buscar ser magnánimo, humilde y prudente; estos valores ayudan al ser humano a evitar la soberbia y la pusilanimidad. El hombre magnánimo se basa en virtudes como son la prudencia, justicia, fortaleza y templanza para llevar a cabo una toma de decisiones prudencial. Una combinación entre la razón y la fe hacen del ser humano un ser pensante y con visión.

Sabiendo que con Dios puedes lograrlo y obtener mejores resultados, ¿Te gustaría intentar emprender un camino de liderazgo guiado por el Señor?

David Martínez
David Martínez

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