La tienda del cielo

Con motivo de la Navidad, fui de compras buscando cuáles serían los regalos que necesitaba adquirir para mis seres queridos. Este año, buscaba algo diferente, un regalo que al recibirlo les causara alegría, satisfacción y que pudieran utilizar por toda su vida…

Después de varios días de estar buscando, vi un letrero que decía “La tienda del cielo”. Me fui acercando y la puerta se fue abriendo. Cuando me di cuenta, ya estaba adentro.

Me recibió un ángel dándome una canasta y me dijo: “Compra con cuidado y no te preocupes por lo que no puedas llevar ahora; lo podrás llevar después”.

Comencé a recorrer los pasillos. ¡Todo lo que un cristiano necesita estaba en esa tienda!

Primero compré paciencia; también amor, que estaba en la última estantería; más abajo estaba el gozo, para estar siempre alegre. También compré dos cajas de paz para mantenerme tranquilo y dos bolsas repletas de fe para los retos del próximo año. Recordé que necesitaba mostrar benignidad, bondad y mansedumbre con mis semejantes; así mismo, no podía olvidarme de la templanza, necesaria para controlar mi temperamento en todo momento, de modo que compre una de cada una.

Llegué por fin a la salida y le pregunté al ángel: “¿Cuánto le debo?”. Él me sonrió y me respondió: “Hijo Mío, ¡Jesús pagó tu deuda hace mucho tiempo!”.

Tú eres la tienda y puedes abrirla todos los días, ese ángel es el Espíritu Santo que mora dentro de ti y los regalos son sus frutos. ¡Ellos le dan el verdadero sentido a la Navidad!

Estos regalos son especiales para esta ocasión, pero si los abres durante todo el año, te producirán alegría a tí y a quienes los compartas.

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