¿Por qué debo confesarme?

La respuesta más común (y no quiere decir que sea incorrecta) es para poder comulgar, pero en un mundo lleno de distracciones, ¿estamos seguros de darle el valor que realmente debe a la confesión? Te has preguntado “¿Por qué caigo nuevamente en el mismo pecado?”, “¿por qué hay temporadas en las que cada semana me tengo que confesar de lo mismo o peor aún, prefiero no hacerlo?”. ¿Estamos seguros de vivir en gracia de Dios aún después de salir del confesionario? Estas preguntas pueden ser fuertes pero seguro alguna vez nos las hemos hecho. Esta ocasión nos preguntamos “¿Por qué debo confesarme?” y esperamos que este artículo te ayude a encontrar una respuesta y a tener la seguridad de estar en gracia.

¿Por qué debo confesarme?

 

por qué debo confesarme

La confesión es un sacramento, es decir, un signo material de la presencia de Dios entre los hombres; una realidad que podemos sentir y vivir porque es algo que está claramente entre nosotros y que podemos recibir a través de los sacerdotes con los cuales convivimos o que se encuentran en nuestra parroquia. Pero ¿De dónde viene este sacramento? La Biblia nos da la respuesta en el Evangelio de Juan (20, 21-23):

“Jesús les dijo de nuevo: << ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes>>. Al decirles esto, sopló entre ellos y añadió: <<Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan>>.

La lectura es clara. Jesús da el poder de perdonar y retener el perdón de Dios. Es aquí donde nace este rito que Jesús mismo instituyó.

Antes de continuar, hagamos un ejercicio rápido: Pensemos en la persona por la que más aprecio y amor sintamos (puede ser tu novio(a), tu mejor amigo(a), alguien que te gusta, un familiar) y a quien, por diferentes circunstancias, le hayamos hecho la peor de las ofensas y tengamos que pedirle perdón por nuestra actitud, con la posibilidad de que no nos perdone a la primera o bien, no lo haga; si realmente esa persona nos importa, haremos hasta lo imposible por recuperar su amistad y confianza. Ahora, en lugar de esa persona, pon a Dios. Los actos “imposibles” serán nuestro examen de conciencia y arrepentimiento por haberlo ofendido.

Ya que tenemos estos dos escenarios, responde ¿A quién se te hizo más fácil pedirle perdón? Si tu respuesta fue Dios, puede que nos falte arrepentimiento y estemos abusando de su infinita misericordia. ¡Así de importante debemos tener en cuenta a Dios! Antes ir a arrodillarnos al confesionario, dejemos de ver el sacramento de la reconciliación como un lavabo de pecados para acercarnos a la comunión, porque se trata de una acción más allá de nuestro entendimiento.

Escuchando la homilía de un sacerdote, comentaba que hay casos así, de gente que no está muy arrepentida, que va al confesionario por un sacramento, una fiesta, una celebración familiar, pero no porque realmente tenga ganas de pedirle perdón a Dios.

Es en esos casos donde (retomando la lectura) el sacerdote tiene el poder de retener el pecado. Si un sacerdote en el confesionario tiene fuertes sospechas de que alguien no está arrepentido, puede decirle: “No te veo arrepentido. Haz oración y vuelve”. Por eso Jesús dijo “a quienes se los retengan, les quedan retenidos” no dice ‘perdonen a todos’, dice “a quienes perdonen” y después “a quienes retengan”, pero nunca dice ‘no retengan’, porque en ese momento el sacerdote otorga algo sagrado: el Perdón de Dios, y como penitentes debemos estar arrepentidos. Si al momento de confesarnos no sentimos arrepentimiento, tenemos que prepararnos más, hacer oración y pedir el don del arrepentimiento.

¿Por qué es necesario el arrepentimiento?

 

La fórmula es sencilla: “Al don del perdón debe preceder el don del arrepentimiento”, es decir, sin el arrepentimiento no hay perdón; y al confesarse sin arrepentimiento, no se recibe el perdón. Hay personas que prefieren hacerlo directamente con Dios y es válido (hasta cierto punto); cualquiera le puede pedir perdón a Dios, cualquiera puede hablar con él, es Él mismo quien le dice al de la camilla “tus pecados son perdonados” y no hay ninguna duda de que están perdonados, pero si uno solamente habla con Dios ¿Quién sabe la mente de Dios? Es por eso que al instruir este sacramento, Jesús quiso dar su perdón a través de los hombres, porque nos lo asegura con tal de que tengamos arrepentimiento y, por consiguiente, propósito de enmienda. ¡Eso es lo maravilloso de este sacramento!

por qué debo confesarme 2

Por eso es muy importante tener siempre presente en el confesionario que quien va a perdonar nuestros pecados es Dios a través del sacerdote. Hay personas que sienten pena de ir a confesarse con otro hombre y cuestionan el misterio o peor aún, no se acercan al sacramento. Si al ir a confesarte tienes vergüenza, es normal, porque no es algo de lo que debas estar orgulloso… Fijémonos en qué tan perfecto es el misterio: Debemos hincarnos a pedir perdón a otro hombre; eso un gran paso necesario para el Perdón del Padre. Recuerda que Él quiere tu salvación y dar su Perdón, pero también quiere que estés realmente arrepentido.

Una vez terminada la confesión, el sacerdote nos dirá unas palabras; cualesquiera que sean las situaciones que nos diga el sacerdote que tenemos que corregir y/o cambiar, nos van a servir para cumplir con nuestro propósito de enmienda. Aunque sean pequeñas, debemos tomarlas en serio como si vinieran de Dios ya que si no les damos importancia, se convierten en cosas cada vez más difíciles de cambiar que no existirían si esas pequeñas cosas se hubieran cambiado desde el principio.

Les animo a la confesión, ¡la confesión es algo divino! Ningún ser humano puede perdonar en nombre de Dios salvo que haya recibido ese poder, ¡aprovéchalo! Es algo tan querido de Dios dar su perdón a todos y es tan desagradable a Dios el comulgar si no se está en amistad con Él; no se gana nada y se pierde el cielo (pero de esto les hablaremos en otro artículo).

Siempre habrá una diferencia entre la persona que se confiesa seguido y la que se ha descuidado, porque los vicios y el pecado están más arraigados en quien se ha abandonado; cuando una persona no se confiesa, los pecados son retenidos voluntariamente y van echando raíces, y una vez que echan raíces se hacen más fuertes y dan frutos de los malos; muy por el contrario, la persona que se confiesa seguido, peca, pero si los pecados se van quitando con una buena confesión, no es tan profunda la raíz.

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Valoremos este sacramento en donde podemos sentir la misericordia del Padre. El Papa Francisco lo dijo, a él le gusta confesarse porque le gusta sentir la misericordia del Padre. Jesús no eximió a nadie de este sacramento, todos los Sacerdotes, Obispos y hasta el Papa tienen que confesarse con otro Sacerdote. Examinemos nuestra alma y siempre que vayamos al confesionario no lo hagamos por rutina, sino con arrepentimiento en el corazón que nace de haber ofendido a Dios. Sólo entonces obrará el milagro de llenar de luz y paz nuestra alma, sólo así sentirás la misericordia del Padre.

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