Velada de Pentecostés: Recordar la espera del regalo prometido del Padre

Este sábado 14 de mayo nos unimos una vez más para celebrar una de las fiestas más importantes de la Iglesia Católica: la Velada de Pentecostés.

Velada de Pentecostés

La palabra Pentecostés significa “quincuagésimo” y es el término con el que se define la fiesta cristiana del quincuagésimo día después del Domingo de Resurrección. Se trata de una festividad que pone término al tiempo pascual.

Una vez que conocemos la parte teórica, podemos reflexionar sobre el ejercicio espiritual de esta festividad con nuestra velada de Pentecostés. Pero… ¿qué de nutritivo nos trae? Estar frente al Señor una noche entera, platicando con Él, es la velada más romántica que puede existir, sin embargo, en ocasiones esto va más allá de nuestro entendimiento, por lo que debemos comprender el motivo de estar con el Señor en una vigilia.

Empecemos con la palabra y recordemos lo que nos dice el evangelista Juan (14) cuando nos habla de este regalo prometido del Padre:

“Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes”.

El paráclito -fíjense que hermosa palabra- es una palabra griega (parakletos) que significa “abogado”. En el buen entendimiento de la palabra ‘abogado’, quiere transmitirnos que es un defensor, aquel que nos prometió Jesús ante los hombres pero también ante el Padre en nuestro juicio final. Ahora que ya sabemos el significado de esta palabra, profundicemos en el origen y la etimología de la misma que es aún más preciosa e interesante:

PARA (prefijo): Cerca, a lado
KALEIN (verbo): Llamar
TOS (sufijo): Que ha recibido la acción

Es decir, paráclito significa en realidad  “El defensor, el que intercede para ayudar”.

Fíjense qué sentido tan precioso, porque el abogado es quien hace la llamada oficial para el juicio, ya que es quien está lo suficientemente cerca a la situación, es quien llama al juez para decir lo que tenga que decir, abogando por nosotros para siempre, hasta la nueva era. Una vez que tenemos clara esta palabra, es bien sabido que el paráclito al que Jesús se refiere es el Espíritu Santo.

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La noche de Pentecostés de hace más de dos mil años, cuando los apóstoles estaban encerrados en el cenáculo, nos regalan esta cita del capítulo 2 de Hechos de los Apóstoles:

“Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo.”

Para hablar del actuar del Espíritu Santo, para escucharlo, no es necesario ser un experto en el tema. Si vives con niños, incluso cuando nosotros lo fuimos, sabrás que a esa edad se hacen travesuras, las cuales son en silencio y a escondidas, porque sabemos que lo que se hace, muchas veces no es correcto; pues bien, ese es un ejemplo muy claro y fácil de la acción del Espíritu Santo en nosotros: de niños seguramente no teníamos un concepto del Espíritu Santo pero lo escuchábamos o sentíamos su actuar.

¿Cómo estar seguro de esto? Probablemente a diario escuchas a tu conciencia, ¡es ahí donde él te habla! Dicho esto, entenderás que en la velada de Pentecostés no fuimos a recibir al Espíritu Santo -porque lo obtenemos desde nuestro Bautizo- pero sí fuimos a recordar ese regalo tan Santo, el paráclito. La velada también debe ser en nosotros una invitación a reflexionar durante toda la noche sobre esas situaciones en nuestra vida en las que nos escondemos para hacerlas a un lado, porque esas situaciones no son guiadas por el Espíritu Santo, ya que no lo dejan actuar.

Velada de pentecostés 2

La gracia juega un papel indispensable en Pentecostés, porque solo estando en amistad con Dios, dejaremos actuar al Espíritu Santo, y dejando actuar al Espíritu Santo podemos estar seguros de que estamos tomando decisiones o prestando un servicio como Cristo lo haría, porque su Espíritu nos está guiando.

¡Imagínate lo feliz que estuvo nuestro Padre Celestial al vernos adorarlo mientras nos llenábamos de su regalo prometido! Él nos lo dio con mucho amor para que construyamos su reino aquí en la tierra, para hacer más grande la Iglesia que él fundó a partir de ese día y nos guíe de regreso a él a nuestra casa eterna: el cielo.

Es por estas principales razones que esta velada no se puede quedar en una bonita noche en comunidad… Es revivir lo que pasó hace más de dos mil años, dejarnos llevar por el Espíritu para predicar el Evangelio, la buena nueva, dar a conocer que somos testigos y testimonio de que ya no somos nosotros los que vivimos, si no es Cristo quien vive en ti, en mí y en toda nuestra comunidad.

Siempre que lo necesites, invoca al Espíritu Santo diciendo estas sencillas palabras: ¡Ven, Espíritu Santo!

Velada de Pentecostés VN

2 comentarios
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